Un tronco seco ablandado por dos almohadones nos invita. Y buscamos. Podemos seguir el trazo de las ramas bajo el cielo. El sol construye su propio laberinto tras el filtro de las hojas. Si suena, el chistido seco de un colibrí nos habrá puesto cerca de la posibilidad de otro recorrido. Este vagabundeo con la imaginación elegirá hacer pie en las hojas, en las alas, en la luz. O puede detener su mirada en el gatito que dedica ingentes esfuerzos a perseguir su propia cola.

Que el gato encuentre su rabito y lo muerda es tan inmediato como la sorpresa dolida con la que se suelta. Pero pocos segundos después olvida o juega a que olvida y vuelve a correr tras de sí. Nosotros pasaremos los días en la misma ronda de encuentros de luz, mordidas de ramas y colibríes de olvido.

Quizás aquí, Bajo la rosa china, experimentemos algo de ello.

martes, 29 de octubre de 2013

Un poema de Jorge Boccanera

Jorge Boccanera



EL HOGAR 


El cuchillo golpeando la madera. 
Sobre la tabla de picar cebolla. 
El tableteo de los días, 
el cuchillo 
golpeando la madera[.]
Aguijón que retumba sobre la tabla de picar 
y el día desplumado al fondo de la olla, 
y el cuchillo golpeando la madera. 
Cizaña de la música y redoblante, escarcha 
del acero que corta, que desgarra las sombras 
asustadas detrás de cada puerta. 
Y el cuchillo golpeando la madera. 
Bajo el filo mellado ruedan los labios que callaron, 
que se oxidaron sin reclamar el aire que nos falta. 
Y el cuchillo golpeando, 
y aquella empuñadura como mano de muerto, 
y las horas hirviendo al fondo de la olla. 

- . - . -

JORGE BOCCANERA. Marimba (antología). Prólogo de Juan Gelman. Presentación de Lautaro Ortiz. Ediciones Colihue (Musarisca). Buenos Aires (Argentina), 2006. Pág 156.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Un poema de José de Espronceda

José de Espronceda

EL CANTO DEL COSACO 


Donde pone mi caballo los pies 
no vuelve a nacer yerba. 
Palabras de Atila 

CORO

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! 
La Europa os brinda espléndido botín; 
sangrienta charca sus campiñas sean, 
de los grajos su ejército festín. 

¡Hurra! ¡A caballo, hjos de la niebla! 
Suelta la rienda, a combatir volad; 
¿veis esas tierras fértiles? Las puebla 
gente opulenta, afeminada ya. 

Casas, palacios, ramas y jardines, 
todo es hermoso y refulgente allí, 
son sus hembras celestes serafines, 
su sol alumbra un cielo de zafir. 

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! etc.  

Nuestro sean su oro y sus placeres, 
gocemos de ese campo y de ese sol; 
son sus soldados menos que mujeres, 
sus reyes viles, mercaderes son. 

Vedlos huir para esconder su oro, 
vedlos cobardes lágrimas verter... 
¡Hurra! ¡Volad! Sus cuerpos, su tesoro 
huellen nuestros caballos con sus pìes. 

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! etc. 

Dictará allí nuestro capricho leyes, 
nuestras casas alcázares serán, 
los cetros y coronas de los reyes 
cual juguetes de niños rodarán. 

¡Hurra! ¡Volad! A hartar nuestros deseos, 
las más hermosas nos darán su amor, 
y no hallarán nuestros semblantes feos, 
que siempre ha sido hermoso el vencedor. 

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! etc. 

Desgarraremos la vencida Europa, 
cual tigres que devoran su ración; 
en sangre empaparemos nuestra ropa, 
cual rojo manto de imperial señor. 

Nuestros nobles caballos relinchando 
regias habitaciones morarán, 
cien esclavos, sus frentes inclinando, 
al mover nuestros ojos, temblarán. 

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! etc. 

Venid, volad, guerreros del desierto, 
como nubes en negra confusión, 
todos suelto el cabello, el ojo incierto, 
todos atropellándoos en montón. 

Id en la espesa niebla confundidos, 
cual tromba que arrebata el huracán, 
cual témpanos de hielo endurecidos 
por entre rocas empeñados van. 

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! etc. 

Nuestros padres un tiempo caminaron 
hasta llegar a una imperial ciudad; 
un sol más puro es fama que encontraron, 
y un palacio de oro y de cristal. 

Vadearon el Tíber sus bridones; 
yerta a sus pies la tierra enmudeció; 
su sueño con fantásticas canciones
la fada de los triunfos arrulló. 

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! etc. 

¡Qué! ¿No sentís la lanza estremecerse 
hambrienta en vuestras manos de matar? 
¿No veis entre la niebla aparecerse 
visiones mil que el parabién os dan? 

Escudos de esas míseras naciones 
era ese muro que abatido fue; 
la gloria de Polonia y sus blasones 
en humo y sangre convertidos ved. 

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! etc. 

¿Quién en dolor trocó sus alegrías? 
¿Quién sus hijos triunfante encadenó? 
¿Quién puso fin a sus gloriosos días? 
¿Quién en su propia sangre los ahogó? 

¡Hurra, cosacos! ¡Gloria al más valiente! 
Esos hombres de Europa nos verán; 
¡Hurra! Nuestros caballos en su frente 
hondas sus herraduras marcarán. 

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! etc. 

A cada bote de la lanza ruda, 
a cada escape en la abrasada lid, 
la sangrienta ración de carne cruda 
bajo la silla sentiréis hervir. 

Y allá después en templos suntüosos, 
sirviéndonos de mesa algún altar, 
calmarán nuestra sed vinos sabrosos, 
hartará nuestra hambre blanco pan. 

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! etc. 

Y nuestras madres nos verán triunfantes, 
y a esa caduca Europa a nuestros pies, 
y acudirán de gozo palpitantes, 
en cada hijo a contemplar un rey. 

Nuestros hijos sabrán nuestras acciones, 
nuestro valor y gloria heredarán, 
y a conquistar también nuevas regiones 
el caballo y la lanza aprestarán. 

¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! 
La Europa os brinda espléndido botín; 
sangrienta charca sus campiñas sean, 
de los grajos su ejército festín. 

- . - . -


JOSÉ DE ESPRONCEDA: Obras poéticas. Edición, introducción y notas de LEONARDO ROMERO TOBAR, catedrático de la Universidad de Zaragoza. Clásicos Universales Planeta, nº 129; Planeta. Barcelona (España), 1992 (1ª ed. en la colección: noviembre de 1986). Pp. 68-70. 

martes, 30 de julio de 2013

Un poema de Baldomero Fernández Moreno

Baldomero Fernández Moreno


ROMANCE DEL RELOJ DE PIEDRA

Orillas del Uruguay 
una piedra encontré hoy 
aplastada, redondita, 
y de encendido color: 
pequeña obra maestra 
de agua, de viento y de sol. 
Y decidí recogerla 
y usarla como reloj.
El mismo peso me hace 
que la máquina mejor, 
la compañía es idéntica 
y guarda el mismo calor. 
Lo miro de vez en cuando, 
y es tan grande la ilusión, 
que veo unas manecillas 
y los signos de rigor. 
Al que pregunta la hora 
se la invento y se la doy. 
Me equivoco por minutos, 
que no es equivocación, 
que el tiempo no está en esferas 
sino a nuestro alrededor: 
en la orla de una nube, 
en el cáliz de una flor, 
en nuestras entrañas mismas, 
en algo como un temblor. 
Le doy cuerda al acostarme 
y con toda precaución, 
entre libros y anteojos 
lo pongo en el velador 
y antes de dormir parece 
que escucho cierto rumor. 
No sé si son los segundos, 
esa arenilla veloz, 
o acaso la vocecilla 
del río que lo pulió. 
Ante mi reloj de piedra 
no tengo más que un temor: 
si se me llega a romper, 
¿a qué relojero voy? 
Sólo pueden componerlo 
ojos y dedos de Dios. 

1940

- . - . -

Baldomero Fernández Moreno: Poesía y prosa. Selección por Nora Dottori y Jorge Lafforgue. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires (Argentina), 1968. Pág. 60. 

domingo, 28 de julio de 2013

Un poema de Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

EL AIRE

a José M. Quiroga Pla.

En el llano y la llanada 
de salvia y menta salvaje, 
encuentro como esperándome 
el Aire. 

Gira redondo, en un niño 
desnudo y voltijeante, 
y me toma y arrebata 
por su madre. 

Mis costados coge enteros, 
por cosa de su donaire, 
y mis ropas entregadas 
por casales... 

Silba en áspid de las ramas 
o empina los matorrales; 
o me para los alientos 
como un Ángel. 

Pasa y repasa en helechos 
y pechugas inefables, 
que son gaviotas y aletas 
de Aire. 

Lo tomo en una brazada; 
cazo y pesco, palpitante, 
ciega de plumas y anguilas 
del Aire... 

A lo que hiero no hiero, 
o lo tomo sin lograrlo, 
aventándome y cazándome 
burlas de Aire... 

Cuando camino de vuelta, 
por encinas y pinares, 
todavía me persigue 
el Aire. 

Entro en mi casa de piedra 
con los cabellos jadeantes, 
ebrios, ajenos y duros 
del Aire. 

En la almohada, revueltos, 
no saben apaciguarse, 
y es cosa, para dormirme, 
de atarles... 

Hasta que él allá se cansa 
como un albatros gigante, 
o una vela que rasgaron 
parte a parte. 

Al amanecer, me duermo 
--cuando mis cabellos caen-- 
como la madre del hijo, 
rota del Aire... 

- . - . -

Gabriela Mistral: Antología. Empresa Editora Zig-Zag. Santiago (Chile), 1947. Pp. 109-111. 

lunes, 17 de junio de 2013

Un poema de Rafael Felipe Oteriño

Rafael Felipe Oteriño

LA TELARAÑA

El otro día vi, o creí ver, 
en el silencio de los árboles después de la lluvia, 
una telaraña entre dos ramas suspendida, 
y en las nervaduras de su red 
/ millares de perlas de agua, 
pesándole y tensándola, 
en un equilibrio demasiado frágil como para durar. 

Era una imprevista verdad 
/ en el instante 
de desprenderse de su significado: 
la escudilla que un rey sangriento usó y arrojó, 
/ el latido 
de quien cumpliera una cita sublime 
a orillas del parque. 

Magnífica flor creada por el cerebro, 
que ahora bañan gruesas nubes y sol, 
desplazándose y ganándose, 
/ elevándose y huyendo: 
música tan callada 
en un silencio de ramas 
/ otra vez libres. 

- . - . -

Rafael Felipe Oteriño: Ágora. Ediciones del Copista; Colección Fénix, vol. 32. Córdoba (Argentina), 2005. Pág. 53.

sábado, 15 de junio de 2013

Un poema de Pablo Neruda

Pablo Neruda

SI TÚ ME OLVIDAS

Quiero que sepas 
una cosa.

Tú sabes cómo es esto: 
si miro 
la luna de cristal, la rama roja 
del lento otoño en mi ventana, 
si toco 
junto al fuego 
la impalpable ceniza 
o el arrugado cuerpo de la leña, 
todo me lleva a ti, 
como si todo lo que existe, 
aroma, luz, metales, 
fueran pequeños barcos que navegan 
hacia las islas tuyas que me aguardan. 

Ahora bien, 
si poco a poco dejas de quererme 
dejaré de quererte poco a poco. 
Si de pronto 
me olvidas 
no me busques, 
que ya te habré olvidado. 

Si consideras largo y loco 
el viento de banderas 
que pasa por mi vida 
y te decides 
a dejarme a la orilla 
del corazón en que tengo raíces, 
piensa 
que en ese día, 
a esa hora 
levantaré los brazos 
y saldrán mis raíces 
a buscar otra tierra. 

Pero 
si cada día, 
cada hora 
sientes que a mí estás destinada 
con dulzura implacable. 
Si cada día sube 
una flor a tus labios a buscarme, 
ay amor mío, ay mía, 
en mí todo ese fuego se repite, 
en mí nada se apaga ni se olvida, 
mi amor se nutre de tu amor, amada, 
y mientras vivas estará en tus brazos 
sin salir de los míos. 

-Ms. Nyon, 3.12.1951 / Los versos del Capitán, 1952.

- . - . -

Pablo Neruda: Antología general. Edición conmemorativa. Alfaguara. Lima (Perú), 2010. Pp. 263-264.

miércoles, 5 de junio de 2013

Un poema de Juan Gelman

Juan Gelman

[s/t]

en la ternura hay 
mundo que los amantes recorren 
sin ver el día que vendrá/ 
la muerte de la voz 

pronunciándose/ronca 
la cama/la cabeza 
en la porfía 
del paladar/el tiempo nómada 

fuera ya del oasis/como quien 
llora en un cuarto sin luz/apenas 
vivido en el sabor 

del pudo ser/impaciente del cielo 
que no sobrevendrá/con más 
amor y antes 

a andreíta

- . - . -

Juan Gelman: Incompletamente. Seix Barral; Biblioteca Breve. Buenos Aires (Argentina), 1997. Pág. 58.

lunes, 27 de mayo de 2013

Un poema de Eugenia Cabral

Eugenia Cabral

LA REVOLUCIÓN PERMANENTE

4

Este presente bebe la pócima, no el alimento;
la hez, la conmutación de la pena.

Éste es el ayer. Tambor delirante.
Comida recalentada.

¿Cómo era aquello de cuando fuiste heroico
y le prendiste fuego a tu propio estilo?

- . - . - 

Eugenia Cabral: Cielos y barbaries. Alción Editora. Córdoba (Argentina), 2004. Pág. 63.

domingo, 26 de mayo de 2013

Un poema de Eliseo Diego

Eliseo Diego

EL SITIO EN QUE TAN BIEN SE ESTÁ

3

Ella, siempre 
lo dijo: tápenme 
bien los espejos, 
que la muerte presume. 

Mi abuela, siempre 
lo dijo: guarden 
el pan, 
para que haya 
con qué alumbrar la casa. 

Mi abuela, que no tiene, 
la pobre, casa 
ya, 
ni cara. 

Mi abuela, 
que 
en paz 
descanse. 

- . - . -

Eliseo Diego: En la calzada de Jesús del Monte. En Los poetas de Orígenes, antología. Selección, prólogo, bibliografía y notas de Jorge Luis Arcos. Fondo de Cultura Económica. México, D. F. (México), 2002. Pág. 263. 

Un poema de Osvaldo Bossi

Osvaldo Bossi

A Facundo no le gusta dormir

A Facundo no le gusta dormir, 
dice que pierde tiempo y vida 
durmiendo, y se resiste 
a ser atrapado por las huestes del sueño, 
aunque venga el propio Morfeo, en persona 
y deposite sobre su mesita de luz 
un vaso de leche tibia. 

Yo lo acaricio entonces. 
Acaricio su inmensa espalda 
como si estuviera alisando 
uno por uno, los pliegues que se forman 
sobre las sábanas del mar. 

A veces 
él apoya su turbada cabeza 
sobre la almohada, cierra los ojos 
y deja que ese montón de agua traslúcida 
se lo lleve; pero enseguida se despierta 
y escucha, en lo oscuro 
el galope febril de esos fantasmas 
que lo tienen a maltraer. 

Aunque yo le cite 
aquellos versos famosos 
de Calderón de la Barca... 
Abre sus negros ojos 
atravesados por ochocientos relámpagos 
y vuelve a repetir, insistente, 
que él no quiere caer 
en ese pozo sin fondo 
que se devora los minutos. 
--Tiempo, hermoso tiempo, dice 
que no se puede recuperar, y no podremos nunca ¿te das cuenta? nunca 
recuperar... No importa si son las tres de la tarde 
o las cuatro de la mañana. 

Aunque yo me quede despierto 
a su lado, y le prometa guardar cada uno 
de esos diminutos relámpagos 
adentro de esta pequeña embarcación 
que algunos entendidos en literatura llaman poema
y es tonta poesía nada más: poesía 
como todo, o casi todo, deseo de amor. 

Pero no hay, no habrá nunca 
un poema que guarde lo inmenso, 
lo desolado que se vuelve este mundo 
cada vez que mi amigo 
cierra los ojos y se duerme. 

Cierra los ojos y se duerme 
en esta orilla vacía que es ahora mi cuarto 
(o cualquier otro cuarto) 
cada vez que Facundo se aleja. 

- . - . -

Osvaldo Bossi: Esto no puede seguir así. Premio Literario Provincia de Córdoba 2009. Ediciones Letras y Bibliotecas Córdoba. Córdoba (Argentina), 2010. Pp. 15-18.


miércoles, 22 de mayo de 2013

Un poema de José Ángel Valente

José Ángel Valente

SÓLO EL AMOR

Cuando el amor es gesto del amor y queda 
vacío un signo sólo. 
Cuando está el leño en el hogar, 
mas no la llama viva. 
Cuando es el rito más que el hombre. 
Cuando acaso empezamos 
a repetir palabras que no pueden 
conjurar lo perdido. 

Cuando tú y yo estamos frente a frente 
y una extensión desierta nos separa. 
Cuando la noche cae. 
/ Cuando nos damos 
desesperadamente a la esperanza 
de que sólo el amor 
abra tus labios a la luz del día. 

- . - . -

José Ángel Valente. En Poesía última (Eladio Cabañero, Ángel González, Claudio Rodríguez, Carlos Sahagún, José Ángel Valente). Selección y nota preliminar de Francisco Ribes. Taurus: 1ª ed.: 1963; 3ª ed.: 1975. Madrid (España), 1975. Pág. 182. 

martes, 21 de mayo de 2013

Un poema de Ángel González

Ángel González

TODOS USTEDES PARECEN FELICES...

...y sonríen, a veces, cuando hablan. 
Y se dicen, incluso, 
palabras 
de amor. Pero 
se aman 
de dos en dos 
para 
odiar de mil 
en mil. Y guardan 
toneladas de asco 
por cada 
milímetro de dicha. 
Y parecen --nada 
más que parecen-- felices, 
y hablan 
con el fin de ocultar esa amargura 
inevitable, y cuántas 
veces no lo consiguen, como 
no puedo yo ocultarla 
por más tiempo: esta 
desesperante, estéril, larga, 
ciega desolación por cualquier cosa 
que --hacia no sé dónde--, lenta, me arrastra. 

 - . - . -

Ángel González. En Poesía última (Eladio Cabañero, Ángel González, Claudio Rodríguez, Carlos Sahagún, José Ángel Valente). Selección y nota preliminar de Francisco Ribes. Taurus Eidiciones: 1ª ed.: 1963;  3ª ed.: 1975. Madrid (España), 1975. Pág. 64. 

Un poema de Eladio Cabañero (para el amigo Ceferino Lisboa)

Eladio Cabañero

EL ANDAMIO

A Justo Carrasco y Pedro Martínez, compañeros de trabajo
"Debieran dividir con una tiza el mundo, 
separarlo en cuadrículas pequeñas 
que sirvan para un cuerpo, 
para un hombre solamente, 
¿no sobramos ya muchos? 
y a todos los demás darnos la mano 
y desearnos mejor suerte en la guerra." 

El aire distribuye igual que siempre 
sobre la tierra su piedad y su música; 
a las tres de la tarde 
la plomada pregunta, los niveles nivelan 
y al compás del trabajo piensa el hombre: 

"Es mejor, compañero, 
dejarse ya de guerras y políticas, 
los Estados Unidos y los rusos, 
y acordarnos en cambio del abuelo 
sentado, bajo un chopo o una higuera, 
con cara de barbecho, silencioso. 
Ayúdame a amarrar las cruces de este andamio, 
ten precaución, sujeta fuerte, no sea 
que por mirar un pájaro pararse 
o una muchacha hermosa en su ventana, 
no queden bien seguros estos postes. 
Ata fuerte las sogas por los nudos, 
los amarillos puños del esparto, 
que a lo peor, cuando estemos arriba, 
perdemos pie de pronto trabajando 
y no sirve la fuerza y nos caemos." 

No era aquél el momento 
de censurar los tiempos, tan difíciles, 
sino de levantar aquel andamio 
mientras el sol mandaba por las calles. 

"Compañero, 
es mejor ver el trigo allá en los campos 
que ver fundir el oro, 
es mejor irse al puerto de los barcos de vela 
que al de los submarinos; 
pero agarra, 
vamos a ver si atamos este andamio 
mucho mejor que aquel del accidente 
cuando murió el compadre de las barbas 
--en paz, amigo mío-- 
que fue bueno y de Dios, que era creyente 
para no ser tan pobre como era. 
Ata fuerte las sogas por los nudos, 
los amarillos puños del esparto..." 

Allí no se trataba 
de pasarse de listos ni de tontos 
sino de atar mejor aquel andamio 
y comprender que el más sabio es el tiempo. 

- . - . - 

Eladio Cabañero. En Poesía última (Eladio Cabañero, Ángel González, Claudio Rodríguez, Carlos Sahagún, José Ángel Valente). Selección y nota preliminar de Francisco Ribes. Taurus Ediciones: 1ª ed. 1963; 3ª ed.: 1975. Madrid (España), 1975. Pp. 32-33.

martes, 14 de mayo de 2013

Un poema de Dionisio Ridruejo

Dionisio Ridruejo

2


La lealtad verdadera 
es apearse del burro 
y desmontar la quimera. 

Porque donde dije y digo 
están el sudor del hombre 
y el embeleso del niño 
y la mujer que en el vientre 
y el corazón lleva el nido. 

Por ellos cambio de idea 
porque ellos serán los jueces 
del valor de la herramienta. 

Por ellos vuelvo a montar 
porque la tierra del hombre 
es la de nunca acabar. 

- . - . -

Dionisio Ridruejo: En breve (1975). En Dionisio Ridruejo: Poesía. Alianza Editorial; El Libro de Bolsillo (1ª ed.: 1976; 1ª reimpr.: 1987). Madrid (España), 1987. Pág. 170. 

lunes, 13 de mayo de 2013

Un poema de Dionisio Ridruejo

Dionisio Ridruejo

[Jugar, jugar contigo, cosa mía]

Jugar, jugar contigo, cosa mía, 
jugar que me responde 
sin besar ni decir, riendo, 
mordisqueando, asiendo tibiamente, 
enamoradamente siendo cosa, 
cosa buena y pasiva 
que purifica el tacto 
y hace otra nueva de la carne antigua, 
fresquísima, inocente. 
Cosa que se resoba y se gusta y se mira 
y mete por los sentidos rosas, azucenas, palomas 
y cachorrillos de tigre con los dientes blandos, 
y por los sentidos llega al corazón 
llenándolo de miel y de mañana clara 
y de lágrimas con el arco iris; 
de mañana con pájaros irremediablemente cantores, 
de miel y lágrimas que es necesario dar. 
Jugar, jugar contigo, 
jugar a equivocar tu carne con mi alma, 
jugar a esconderte en cada latido, 
jugar a ser instante y juego sólo. 

- . - . -

Dionisio Ridruejo: Los primeros días. (Idilios de la hija reciente.) En Dionisio Riduejo: Poesía. Selección de Luis Felipe Vivanco. Introducción de Marià Manent. Alianza Editorial; El Libro de Bolsillo. Madrid (España), 1ª ed.: 1976; 1ª reimpr.: 1987. Pág. 106. 

sábado, 11 de mayo de 2013

Un poema de Hugo Mujica.

 

http://constelacionconspicua.blogspot.com.ar

 

 

HAY PERROS QUE MUEREN DE LA MUERTE DE SU AMO


Hay perros
que mueren de la muerte de su amo
cuerpos que no hacen el amor,
hacen el miedo
que no se agitan,
                        tiemblan.
Y hay hombres
en los que muere dios
como una gota de lacre
sobre el pecho
           de un torso de mármol,
son los que lloran cuando creen,
estar hablando,
o gritan soñando, pero al alba
olvidan el grito
con que encendieron la noche.

Hay hombres en los que gime dios
por no encontrar un hombre
                   donde morir de carne,
pero no llora como quien lo hace
solo,
llora como quien llora abrazado a un niño. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Un poema de Idea Vilariño

Idea Vilariño

ESCRIBO PIENSO LEO

Escribo 
pienso 
leo 
traduzco veinte páginas 
escucho las noticias 
escribo 
escribo 
leo. 
Dónde estás 
dónde estás. 

- . - . -

Idea Vilariño: En lo más implacable de la noche. Antología personal. Colihue (Musarisca), 1ª ed., 2ª reimpr. Buenos Aires (Argentina), 2009. Pág. 32.

Un poema de Francisco Ferrer Lerín

Francisco Ferrer Lerín 

ADRIANA ASTI

Parece seguro que entonces 
estaba animado por un gran fuego interior. 
Se me veía hablar por la plaza 
con los brazos extendidos, la cara 
enrojecida mirando a los que al cruzar 
apretaban el paso 
sin saludar apenas. 
Llegaba el atardecer y seguía 
apoyado en los muros 
arengando aún 
a los difusos compañeros. 
Se acercaba el momento: 
venían rumores contradictorios 
y se apilaban noticias 
a noticias, y todo estaba 
ya dispuesto. 
Qué fue pues de mí en aquel tiempo. 
Todo llevaba a creer en la victoria: 
hasta los más ajenos se apresuraban 
a estrecharme las manos; 
se me invitaba y profería 
fácilmente charlas de hombres. 
Pero algo falló en la gran empresa: 
acabó otoño y un viento 
helado cerró las puertas. 


1971 
- . - . - 

Francisco Ferrer Lerín: Cónsul. Ediciones Península / Edicions 62; Poética 10. Barcelona (España), 1987. Pág. 27.

martes, 7 de mayo de 2013

Un poema de Carlos Mastronardi


Romance con lejanías

Me gustaría verte, ser alguno en tu pecho. 
Un ámbito de música elogia tu presencia. 
Serena luz y mundo pudieras darme ahora, 
letras para la vida y un eco de Septiembres. 

Que este verso te encuentre eligiendo una dicha 
y tus manos conozcan la azucena y el río. 
Juegan con tu dulzura las gentes de tu sueño, 
y yo soy en tu lástima el vendaval dormido. 

¿Cuáles serán los nombres que esclarecen tu boca, 
cuando vuelven a tu alma las personas de sombra 
y tus ojos perdonan? ¿Cuáles serán las calles 
por donde te adelantas a las futuras horas? 

Otra vez me retienen las quietudes del Norte, 
mas te encuentra el recuerdo por la ciudad porteña. 
Lejano de esos días que en los días se pierden, 
vuelve tu gracia triste para regir mi poema. 

Ahora soy el huesped callado de tu vida, 
y apenas el silencio que te influye en las tardes. 
Miren tus ojos lentos un orbe de violetas, 
¡oh amorosa de muertes, mi amiga y mi coraje!

- . - . -

Carlos Mastronardi. Selección de Elsa Serur y Eise Osman. Editorial de Entre Ríos. Paraná (Argentina, 2001). Pág. 116. 

sábado, 4 de mayo de 2013

Otro poema de Irma Cuña


Poética

como los escarabajos negros
que vuelan corto entre las amapolas
y luego caen
--redondos y dorados de polen--
sobre los pastos,
así suelen andar los poetas
trasmitiendo la vida
--a pesar de todo--
y amapolados

- . - . -

Irma Cuña: Poesía junta. 1956-1999. Ediciones Último Reino. Buenos Aires (Argentina), 2000. Pág. 177. 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Un poema de Lucrecio

[RECIPROCIDAD DEL AMOR]

No siempre la mujer con amor falso 
suspira: cuando el cuerpo de su amante 
contra su seno aprieta entre sus brazos; 
cuando sus labios húmedos imprimen 
besos que fluyen el deleite, entonces 
su amor es verdadero, y deseosa 
de gozar el placer común a entrambos, 
le incita a que concluya la carrera 
del amor: no podrían de otro modo 
las aves, los ganados y las fieras 
y yeguas a los machos ayuntarse, 
si las hembras calientes no estuvieran, 
si en ellas no excitaran los hervores 
del placer esta dulce resistencia 
tan favorable a la caliente Venus. 

¿Por ventura no ves también aquellos 
que un deleite recíproco ayuntara 
en mutua ligadura atormentados? 
¿Y queriendo los perros desligarse, 
en las encrucijadas muchas veces 
cada uno tira mucho por su parte 
cuando los tiene Venus aún pegados 
con fuertes ataduras? No lo harían 
si no fueran comunes los contentos 
que en aquel dulce lazo los unieron, 
teniéndolos a entrambos en prisiones. 
Sólo el placer recíproco es deleite. 

- . - . - 

Lucrecio: De la naturaleza de las cosas. Introducción: Agustín García Calvo. Traducción: Abate Marchena. Notas: Domingo Plácido. Ediciones Orbis. (Hyspamérica Ediciones Argentina). Libro IV, vv. 1639-1665 de la traducción. Pp. 284-285.

lunes, 29 de abril de 2013

Un poema de Francisco de Quevedo


FELICIDAD BARATA Y ARTIFICIOSA DEL POBRE

SONETO

Con testa gacha toda charla escucho; 
dejo la chanza y sigo mi provecho; 
para vivir, escóndome y acecho, 
y visto de paloma lo avechucho. 

Para tener, doy poco y pido mucho; 
si tengo pleito, arrímome al cohecho; 
ni sorbo angosto ni me calzo estrecho; 
y cátame que soy hombre machucho. 

Niego el antaño, píntome el mostacho; 
pago a Silvia el pecado, no el capricho; 
prometo y niego: y cátame muchacho. 

Vivo pajizo, no visito nicho; 
en lo que ahorro está mi buen despacho: 
y cátame dichoso, hecho y dicho. 

- . - . -

Francisco de Quevedo: Poesía original completa. Edición, introducción y notas de José Manuel Blecua, catedrático de la Universidad de Barcelona. Planeta. Barcelona (España), 1996. Pp. 524-525. 

domingo, 28 de abril de 2013

Cuatro Poemas de Adrienne Rich

 
 
 
 
 
VII
¿Qué clase de bestia convertiría su vida en palabras?
¿Qué clase de expiación es ésta?
-y sin embargo, al escribir palabras como éstas, también vivo.
¿Es todo esto algo cercano a las señales aulladas por el carcayú,
esa modulada cantata de la selva?
o bien, cuando estoy lejos de vos y trato de crearte con palabras,
¿no te estoy usando simplemente como un río o una guerra?
Pero, ¿cómo usé los ríos, cómo usé las guerras
para evitar escribir la peor cosa de todas-
no los crímenes de los demás, ni siquiera nuestra propia muerte,
sino el fracaso de no desear con suficiente pasión nuestra libertad de modo
que los olmos enfermos, los ríos contaminados, las masacres parezcan
meros emblemas de esa profanación de nosotros mismos?


VIII
Puedo verme años atrás en Sunion,
con un pie infectado, lastimada, Filoctetes
en forma de mujer, rengueando el largo camino,
recostada en un acantilado encima del océano,
mirando hacia las rocas rojas donde un mudo rulo
blanco me decía que una ola había golpeado,
imaginándome la fuerza de la marea desde esa altura,
sabiendo que el suicidio deliberado no era lo mío,
y sin embargo cuidando, midiendo mi herida.
Bueno, eso ya terminó. La mujer que protegía
su sufrimiento está muerta. Soy su descendiente.
Me encanta el pañuelo que me pasó
pero desde acá quiero seguir acompañada por vos
luchando contra la tentación de seguir una carrera de dolor.
 
 
 
XIII
Las reglas se rompen como un termómetro,
el mercurio se derrama sobre los sistemas gráficos,
estamos en un país que no tiene ni lengua
ni leyes, estamos persiguiendo al cuervo y al abadejo
a través de desfiladeros inexplorados desde la tarde
sea lo que sea que hagamos es pura invención
los mapas que nos dieron estaban desactualizados
desde hacía años… estamos manejando por el desierto
preguntándonos si el agua va a alcanzar
si las alucinaciones van a convertirse en simples pueblos
la música de la radio llega clara-
ni Rosenkavalier ni Götterdämmerung
sino la voz de una mujer cantando viejas canciones
con nuevas palabras, con un suave bajo y una flauta
tocada por mujeres fuera de la ley.
 
XXI
Los oscuros dinteles, las azules piedras extranjeras
del gran círculo  por implementos de piedra,
la luz de la noche de pleno verano alzándose detrás
del horizonte – cuando dije: “una fisura de la luz”
me refería a esto. Pero esto no es Stonehenge
ni ningún otro lugar más que la mente
replegándose hacia donde su soledad,
compartida, puede ser elegida sin esa soledad,
no con facilidad, no sin dolores para marcar
el círculo, las densas sombras, la gran luz.
Yo elijo ser una figura en esa luz,
medio borrada por la oscuridad, algo que se mueve
y cruza ese espacio, el color de la piedra
saludando a la luna, pero algo más que piedra:
una mujer. Yo elijo caminar aquí. Y dibujar este círculo.

Extraído del blog hastadondellegalavoz.blogspot.com.ar. 
 Para leer los "21 poemas de amor" completos de Adrienne Rich clik acá