Un tronco seco ablandado por dos almohadones nos invita. Y buscamos. Podemos seguir el trazo de las ramas bajo el cielo. El sol construye su propio laberinto tras el filtro de las hojas. Si suena, el chistido seco de un colibrí nos habrá puesto cerca de la posibilidad de otro recorrido. Este vagabundeo con la imaginación elegirá hacer pie en las hojas, en las alas, en la luz. O puede detener su mirada en el gatito que dedica ingentes esfuerzos a perseguir su propia cola.

Que el gato encuentre su rabito y lo muerda es tan inmediato como la sorpresa dolida con la que se suelta. Pero pocos segundos después olvida o juega a que olvida y vuelve a correr tras de sí. Nosotros pasaremos los días en la misma ronda de encuentros de luz, mordidas de ramas y colibríes de olvido.

Quizás aquí, Bajo la rosa china, experimentemos algo de ello.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Un poema de Manuel J. Castilla

Manuel J. Castilla


Este que canta ahora, 
este cosechador de La Silleta, 
es Juan Roldán, un niño 
en quien dormida turbulenta sueñas. 

Yo te lo dejo, tierra. 
Tapa su boca con tus polvaredas. 
Amasa su alarido, 
alza su copa, dale tu cerveza, 
y carnaval adentro puñalealo 
con tu baguala entera! 

- . - . - 

MANUEL J. CASTILLA. El gozante. Antología. Selección y prólogo de Santiago Sylvester. Ediciones Colihue. 1ra. edición, 3ra. reimpresión. Buenos Aires, 2015.  Pág. 111. 

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